El plan del día permanecía confuso, no lográbamos un acuerdo general. Del hotel nos dirigimos a Oxford Circus, la Santa Fe de acá, a ver locales y ambicionar futuras (o no tan futuras) compras. Nada de eso se llevó a cabo, el joven Niko adquirió un par de DVDs y no mucho más.
Al momento de decidir qué camino tomar se empezaban a ver los signos del malhumor generalizado que reinaba en el grupo: muchos días y actividades juntos.
Finalmente, decidimos tomar un bondi que nos llevase hasta la parte cheta de la ciudad: ir en el segundo piso nos garantizaba un city tour de lujo. Pasamos por el Royal Albert Hall (alto lugar para recis) y un par de lados más hasta que recaímos en Chealsea.
El humor se puso espeso: el frío y el hambre acechaban.
Por suerte encontramos una estación de subte que nos permitió salir de esa zona poco amigable para los turistas en búsqueda de restaurants afordeables.
El día se diluyo en un sin fin de nimiedades, creo que todos necesitamos un cambio de aire y París es la solución.
Royal Albert Hall, desde un bondi, a las apuradas... no hubo mucha emoción en el final de esta última etapa.
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